Bolivia atraviesa un proceso de ajuste económico que todavía está lejos de terminar. El economista, docente e investigador Omar Velasco advierte que el escenario de presión sobre los combustibles, el dólar, el consumo y la actividad productiva puede acompañar al país durante varios años antes de alcanzar una estabilización.
Durante una entrevista, Velasco lanzó una de sus advertencias más contundentes: “este proceso todavía de reacomodo de la economía, yo creo que va a dar para rato”.
Su estimación es que una estabilización real podría demandar entre tres y cuatro años, especialmente porque todavía quedan pendientes ajustes fiscales, cambios en las subvenciones, presión sobre los combustibles y una recuperación de la capacidad productiva del país.
“Un proceso de estabilización de la economía, yo creo que va a durar entre 3 a 4 años”, afirmó, explicando que el programa de ajustes acordado con el Fondo Monetario Internacional tiene una duración de 36 meses y Bolivia recién está comenzando a recorrer ese camino.
La advertencia llega en un contexto en el que, pese al incremento del precio de los combustibles, las filas en algunas estaciones de servicio todavía no desaparecieron completamente.
Velasco sostuvo que el problema va mucho más allá del precio.
“A pesar de la subida del precio de los combustibles, las filas continúan”, señaló, cuestionando que el abastecimiento siga presentando dificultades pese a las medidas aplicadas.
Para el economista, existen solo dos formas básicas de terminar con las filas: aumentar la oferta o reducir la demanda. A su criterio, el Gobierno optó por la segunda alternativa mediante un ajuste abrupto del precio del diésel.
“El Gobierno ha optado por esta segunda vía, que ha sido nivelar los precios de forma abrupta para el diésel”, sostuvo.
Sin embargo, el costo de esa decisión termina trasladándose directamente a la estructura productiva.
Velasco advirtió que el nuevo precio del combustible afecta a empresas y sectores productivos que no necesariamente tienen capacidad financiera para absorber el aumento.
“No todos hoy están en condiciones de asumir esta nueva estructura de costos al interior de sus empresas”, explicó.
Santa Cruz paga uno de los precios más altos por el diésel
El economista aseguró que Santa Cruz es actualmente uno de los lugares donde el diésel privado se comercializa a precios más elevados.
“Santa Cruz es el departamento que más caro está comprando el diésel en el país”, afirmó.
Según los valores mencionados durante la entrevista, el combustible privado estaría llegando a Bs 22 y Bs 23 por litro, mientras que YPFB lo comercializaría aproximadamente en Bs 18.
Esta diferencia genera, según Velasco, una brecha cercana al 25% que termina desincentivando la importación privada.
“Al privado no le conviene, no es negocio”, explicó al analizar por qué las iniciativas destinadas a liberalizar la importación de gasolina y diésel todavía no consiguieron los resultados esperados.
Para que exista realmente una mayor participación privada, considera necesario reducir la diferencia entre el precio interno y el internacional, además de establecer controles más eficientes sobre quiénes consumen grandes volúmenes de combustible.
Importar petróleo crudo en lugar de combustible terminado
Velasco también cuestionó la estrategia utilizada para garantizar el abastecimiento.
A su criterio, Bolivia debería haber priorizado desde el comienzo la importación de petróleo crudo para procesarlo en las refinerías nacionales, en lugar de depender de combustibles ya procesados.
“Esta estrategia de importar petróleo crudo y procesarlo en el país tenía que haber sido la primera tarea”, afirmó.
El economista sostuvo que importar producto terminado implica un costo mayor para el Estado y desaprovecha la capacidad instalada de las refinerías bolivianas.
Según señaló durante la entrevista, esas plantas estarían operando actualmente cerca del 30% de su capacidad.
Velasco también planteó acelerar la adecuación de infraestructura para transportar crudo mediante ductos y reducir así la utilización de cisternas para movilizar grandes cantidades de combustible.
$us 211 millones del FMI: “¿y luego qué?”
Otro de los puntos fuertes de la entrevista estuvo relacionado con el desembolso de aproximadamente $us 211,3 millones dentro de un programa de financiamiento de $us 1.900 millones con el Fondo Monetario Internacional.
Para Velasco, la cifra es insuficiente para resolver estructuralmente el problema.
“Estamos hablando de un monto muy chiquito”, afirmó.
Según su cálculo, el dinero recibido representaría aproximadamente tres meses de importaciones de gasolina y diésel.
Y allí lanzó una pregunta que sintetiza su preocupación:
“La pregunta es: ¿y luego qué?”
Para el economista, el país necesita encontrar una fórmula sostenible para generar dólares y garantizar combustible sin depender permanentemente del financiamiento externo.
Velasco considera que la verdadera salida pasa por fortalecer la producción y las exportaciones.
“Hemos ganado más divisas exportando que acudiendo al Fondo Monetario Internacional”, sostuvo, recordando que en agosto Bolivia habría registrado un superávit comercial cercano a $us 360 millones.
Su planteamiento es reemplazar progresivamente la capacidad perdida en hidrocarburos mediante sectores como la agroindustria, minería y otras actividades capaces de generar nuevas fuentes de divisas.
“El salario real ha perdido un 30%”
Uno de los datos más duros de su análisis tiene relación con los ingresos de los hogares.
Velasco aseguró que el salario real perdió alrededor del 30% de su poder adquisitivo.
“Hoy el salario real ha perdido un 30% de su poder adquisitivo”, sostuvo.
Para el economista, mientras la población no recupere capacidad de compra y mientras las empresas no tengan certidumbre sobre variables como el dólar y el precio de los combustibles, la contracción económica continuará afectando al país.
El deterioro no estaría limitado únicamente al consumo.
Velasco afirmó que la construcción estaría cayendo por encima del 20%, mientras que sectores como comercio y transporte estarían funcionando por debajo del 50% de su capacidad.
Su diagnóstico es directo:
“Son indicadores que ya hablan de una recesión que lejos de desaparecer se está profundizando”.
Más ajustes en el horizonte
El especialista también advirtió que todavía podrían llegar nuevas medidas impopulares.
Entre ellas mencionó la posible eliminación o reducción adicional de la subvención a la gasolina, prevista entre finales de este año y principios del próximo.
Además, alertó sobre una eventual modificación en el precio del GLP, debido al incremento de los costos de transporte provocado por el diésel.
Para Velasco, esta cadena de ajustes continuará impactando en tarifas, producción y precios mientras la economía busca un nuevo equilibrio.
La “trinidad imposible” de la economía boliviana
Para explicar el dilema que enfrenta el Gobierno, Velasco utilizó una definición especialmente gráfica: “la trinidad imposible”.
Según el economista, Bolivia intenta alcanzar simultáneamente tres objetivos que no pueden sostenerse juntos en las actuales condiciones:
un dólar estable, abastecimiento total de combustibles y mantenimiento de las subvenciones.
“No se puede garantizar de manera simultánea un tipo de cambio estable, abastecimiento total de combustibles y no eliminar las subvenciones”, explicó.
Si el Estado utiliza dólares para importar combustible, aumenta la presión sobre las divisas. Si mantiene precios subsidiados, crece el costo fiscal. Y si elimina las subvenciones, el impacto se traslada directamente sobre consumidores y empresas.
Velasco considera que esa contradicción ayuda a explicar parte de las inconsistencias que observa en la política económica.
Y su crítica fue todavía más lejos:
“Creo que el Gobierno no le dice a la población la verdad de la situación económica”.
Para el analista, existe una distancia entre algunas de las promesas realizadas y los resultados que finalmente está recibiendo la ciudadanía.
Una recuperación que no será inmediata
La conclusión de Velasco es clara: Bolivia no debería esperar una normalización rápida.
El país todavía necesita corregir su déficit fiscal, reconstruir reservas, generar nuevas fuentes de dólares, estabilizar los combustibles y recuperar capacidad productiva.
Por eso, su pronóstico coloca el horizonte de estabilización entre tres y cuatro años.
No se trata únicamente de resolver las filas en los surtidores ni de estabilizar temporalmente la cotización del dólar.
El problema, según Velasco, está en recuperar la capacidad de producción, inversión y consumo.
Y mientras eso no ocurra, el ajuste seguirá sintiéndose donde más duele: en los precios, en las empresas y en el bolsillo de los bolivianos.




