La nueva escalada de sicariatos, atracos y hechos violentos en Santa Cruz ya no debería enfrentarse únicamente con operativos circunstanciales. Para el exministro de Gobierno Carlos Gustavo Romero, el departamento atraviesa un problema estructural de seguridad que exige cambios en la organización policial, presencia territorial permanente y mayor coordinación internacional.

Entrevistado en el programa AM, Romero sostuvo que tanto la percepción ciudadana como los hechos violentos registrados recientemente muestran un escenario preocupante.

Según afirmó, una encuesta difundida en el mismo medio revelaría que el 85% de los consultados en Santa Cruz se siente inseguro. También aseguró que se registraron cinco casos de sicariato en la capital durante el último mes y cerca de una treintena durante el segundo semestre. Estas cifras fueron expuestas por Romero durante la entrevista y requieren ser consideradas como datos citados por el exministro.

“Es un nivel altísimo de sensación de inseguridad”

Romero explicó que la seguridad puede analizarse desde dos dimensiones: una objetiva, basada en las estadísticas criminales, y otra subjetiva, relacionada con la sensación de inseguridad de la población.

A su criterio, ambas variables estarían mostrando señales de alarma en Santa Cruz.

“Es un nivel altísimo de sensación de inseguridad”, afirmó.

Para el exministro, ya no corresponde tratar la seguridad ciudadana como una coyuntura que se atiende únicamente cuando ocurre un asesinato, un atraco o un hecho de sicariato.

El problema, sostuvo, debe declararse una prioridad estructural del Estado.

Romero: Bolivia se convirtió en un “hub” para actividades criminales

El exministro planteó una explicación más profunda sobre el origen del fenómeno.

Según su análisis, durante los años posteriores a la pandemia organizaciones criminales habrían aprovechado la reducción de presencia estatal en determinadas zonas estratégicas para ampliar su control territorial.

Romero sostuvo que Bolivia no reaccionó con suficiente rapidez para recuperar esos espacios y afirmó que el país terminó funcionando como un punto de conexión para actividades vinculadas al tráfico de droga, oro, vehículos indocumentados, mercurio y otros productos ilegales.

Se trata de una evaluación realizada por Romero y no de una conclusión judicial general sobre la estructura del crimen organizado en Bolivia.

¿Una disputa después de la caída de una estructura criminal?

Una de las hipótesis más delicadas planteadas durante la entrevista tiene relación con las recientes ejecuciones.

Romero sostuvo que, tras el debilitamiento o “descabezamiento” de una estructura criminal que vinculó con Sebastián Marset, podrían haberse generado facciones con mayor autonomía que ahora disputan espacios, rutas y poder.

Según su interpretación, esta fragmentación también puede provocar que células previamente vinculadas a estructuras mayores terminen participando en delitos comunes como robos, asaltos y atracos.

La explicación corresponde al análisis del exministro y no establece que todos los recientes hechos violentos registrados en Santa Cruz tengan una conexión probada con una única organización.

Jóvenes dentro del engranaje criminal

Romero también expuso un perfil etario de las víctimas relacionadas, según su análisis, con este tipo de estructuras.

Indicó que existiría un primer grupo de jóvenes de entre 18 y 25 años, a quienes identificó como operadores de menor rango.

Luego mencionó un segmento entre 25 y 40 años, que según su lectura cumpliría funciones más especializadas: pilotos, seguridad, manejo de rutas o administración de recursos.

Finalmente señaló a personas mayores de 40 años, en algunos casos extranjeras, que podrían ocupar posiciones superiores dentro de determinadas facciones.

Romero interpretó algunos asesinatos como posibles ajustes de cuentas o acciones destinadas a eliminar potenciales testigos, hipótesis que deben ser confirmadas individualmente por las investigaciones policiales y fiscales.

El uniforme militar como “mensaje”

El exministro se refirió particularmente al reciente doble sicariato atribuido inicialmente a ciudadanos brasileños.

Destacó que los atacantes aparecieron con vestimenta de tipo militar.

Para Romero, ese detalle podría tener un significado simbólico.

“El mensaje del traje militar es: estamos organizados militarmente y estamos dispuestos a darle batalla armada al propio Estado”, interpretó.

Nuevamente, se trata de su análisis sobre el significado de la vestimenta utilizada y no de una conclusión oficial de la investigación.

PCC y Comando Vermelho entran en el debate

La conversación también abordó la presencia regional de organizaciones brasileñas como el Primer Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho.

Romero explicó que este tipo de organizaciones poseen estructuras de carácter paramilitar y operan especialmente en etapas de comercialización dentro de cadenas del narcotráfico.

El exministro señaló que, por tratarse de delitos transnacionales, Bolivia necesita cooperación internacional.

Mencionó a la Policía brasileña, Interpol, Europol y organismos especializados de Estados Unidos como actores con los que debería existir intercambio de información y coordinación.

La cooperación internacional es necesaria

“Siempre es buena la coordinación internacional porque estamos frente a delitos transnacionales”, afirmó Romero.

Sin embargo, aclaró que Bolivia también cuenta con profesionales capacitados.

A su criterio, el principal déficit podría encontrarse en aspectos logísticos, tecnológicos y presupuestarios.

Por eso propone realizar primero un diagnóstico real de las capacidades policiales y, a partir de allí, corregir debilidades.

Frontera Segura 2.0: bienvenido, pero no suficiente

Durante AM se mencionó el despliegue del denominado Plan Frontera Segura 2.0, inicialmente con 230 efectivos.

Romero no rechazó el operativo.

Por el contrario, aseguró que cualquier esfuerzo estatal debe ser bienvenido.

Pero su planteamiento va más allá del envío temporal de contingentes.

Para el exministro, Santa Cruz necesita una estructura policial territorial permanente que acerque a los efectivos a los vecinos y permita conocer de manera directa qué ocurre en cada sector.

Romero respalda una descentralización territorial de la Policía

Este fue uno de los puntos más importantes de la entrevista.

Aunque recordó que la Policía Boliviana tradicionalmente funciona bajo un sistema de mando único, Romero aseguró estar de acuerdo con avanzar hacia una descentralización territorial.

No necesariamente significa dividir inmediatamente la Policía nacional en policías independientes.

Su propuesta inicial está enfocada en distribuir los recursos de manera territorial.

“Hay que desarrollar un proceso de descentralización con carácter territorial”, afirmó.

Policías por cuadrantes y más cerca del vecino

Romero planteó recuperar y actualizar el modelo de cuadrantes de seguridad.

La idea consiste en dividir la ciudad en zonas claramente delimitadas y asignar a cada una personal policial, vehículos, infraestructura, tecnología y responsabilidad permanente.

De esa forma, los policías no permanecerían concentrados únicamente en instalaciones institucionales, sino cerca de los barrios donde deben trabajar.

El modelo debería incluir además una coordinación directa con vecinos y autoridades locales.

“Se trata de acercar la Policía al vecino”, resumió.

Vivienda fiscal también forma parte del problema

Romero agregó un elemento que pocas veces aparece dentro del debate de seguridad.

Muchos policías destinados a Santa Cruz llegan desde otros departamentos y deben pagar alquiler durante el tiempo que dura su asignación.

Según explicó, cuando una parte importante del salario termina destinada a vivienda, también se generan dificultades para el desempeño del efectivo.

Por ello planteó desarrollar viviendas fiscales para policías trasladados, especialmente en departamentos donde existe déficit de personal.

Durante este punto de la entrevista, Romero también ofreció porcentajes sobre el origen regional de los efectivos policiales. Esos datos fueron expresados por el exministro y no fueron contrastados documentalmente dentro del programa.

Gobernación y municipios deben participar

Romero considera que seguridad ciudadana no puede continuar siendo entendida como una tarea exclusiva del Gobierno central.

Gobernaciones, municipios y ciudadanía deberían formar parte de una misma estructura de prevención.

Por eso se mostró favorable a que las entidades subnacionales desarrollen mecanismos complementarios de seguridad.

No descartó que puedan existir guardias departamentales o vecinales coordinadas con la Policía.

Como referencia mencionó experiencias extranjeras en las que estructuras comunitarias complementaron el trabajo de las fuerzas nacionales.

No ve incompatibilidad entre Policía nacional y fuerzas territoriales

Cuando fue consultado directamente sobre si Santa Cruz debería recuperar mando sobre el Comando Departamental o crear una fuerza propia, Romero respondió que ambas ideas no necesariamente son incompatibles.

Para él, puede mantenerse una Policía nacional bajo mando institucional único y, simultáneamente, desarrollar un modelo de distribución territorial y mecanismos complementarios dependientes de gobiernos subnacionales.

La clave estaría en determinar claramente las competencias y mecanismos de coordinación.

“Si las instituciones protegen al delito, estamos perdidos”

El diagnóstico más duro de Romero estuvo relacionado con las instituciones.

El exministro sostuvo que ningún plan policial funcionará si paralelamente no existe una reforma institucional.

“Si las instituciones son extorsionadoras, protectoras del delito, si priorizan el bolsillo de quien está en función pública antes que el interés colectivo, estamos perdidos”, señaló.

Para Romero, seguridad ciudadana, reforma judicial y transparencia institucional deben avanzar juntas.

Su planteamiento combina un plan policial con reforma de Justicia, participación de gobiernos subnacionales y coordinación con la sociedad civil.

Prevenir antes de que ocurra el delito

Romero mencionó además una corriente de criminología relacionada con la prevención ambiental del delito.

El concepto parte de una idea sencilla: un entorno abandonado, oscuro y sin control genera condiciones más favorables para determinadas actividades criminales.

Por eso propone intervenir factores concretos.

Mejor iluminación.

Mayor control de zonas consideradas de riesgo.

Planificación de asentamientos urbanos.

Trabajo con familias y escuelas.

Presencia policial permanente.

La seguridad, desde esa perspectiva, no comienza cuando aparece el cadáver o cuando se produce el atraco.

Comienza antes.

¿Qué papel está jugando la DEA?

Durante la entrevista, Romero también fue consultado sobre la posible participación o monitoreo de organismos internacionales en investigaciones de alto impacto.

El exministro planteó como opinión que pudo existir monitoreo internacional en operaciones relacionadas con los casos Marset y Mariaca, e incluso sugirió que eventualmente pudo haber existido presión externa para que determinadas acciones avanzaran.

No presentó elementos documentales que permitan confirmar esa hipótesis.

Sí defendió que la información proveniente de organismos internacionales especializados puede ser útil para investigaciones de alcance transnacional.

Seguridad ciudadana: de la reacción a la estrategia

El mensaje central de Romero termina siendo más amplio que un operativo o el envío de nuevos policías.

Santa Cruz enfrenta una criminalidad que, según su análisis, se transformó.

Hay organizaciones transnacionales.

Hay disputas territoriales.

Hay delitos comunes que pueden aprovechar la concentración policial en investigaciones de narcotráfico.

Y existe una percepción de inseguridad que empieza a modificar la vida cotidiana.

Su receta combina descentralización territorial, policías por cuadrantes, infraestructura, tecnología, participación ciudadana, reforma institucional y cooperación internacional.

Para Romero, el problema ya no puede administrarse como una sucesión de emergencias.

La pregunta es si Bolivia continuará reaccionando después de cada sicariato o empezará a construir una estrategia capaz de anticiparse al siguiente.